Y es que ya no escribo para nadie, ni para mi. La excusa perfecta, nunca hay tiempo. Lo que siempre falta, lo que nunca sobra, siempre es el tiempo. Fugaz, veloz. Se escapa, se escurre, desaparece. Y caminan las horas lentas cuando quiero que corran, y vuelan cuando espero que inmóvelies permanezcan. Porque quiero volver a ser la que era cuando me sentía mas cerca de mi. La lluvia, los amaneceres, los primeros sexos. Todo era tan nuevo y preciso, y nítido, la vida se veia tan clara. Y todo era felicidad, o así lo idealizo. Porque no hay nada mas perfecto que lo que fue y ya no es. Unicamente porque ya no es. Y lo que está es, imperfecto como se ve. Y se siente. Me perdí en algo que no soy y no quiero ser. En eso que siempre odié. En aquello que siempre criticamos. En aquella peluquería, en esos amigos –que ahora son mas-. Extraño lo que era. La forma fantasiosa de hablar. La utopía lejos e inalcanzable. Aquel verano no paraba de llover. Y el mes de abril me quedó en el placard de mi antigua casa. Y el dos se perdió entre suspiros y gritos. Y el 5 me quedó tan lejos. El ojo se cerró. Y ya tengo mentiras que contar y promesas sin cumplir, e incontables taxis tomados. Y 3 sombreros en el cajón, inútiles. Y muchos nuevos artistas.
Me enseñaron que nunca llore más de lo que el tiempo me indica, porque ninguna pena es suficiente para amargar mi corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario